Algunas líneas sobre el aborto

Desde hace un tiempo nos encontramos frente a un tema que genera distintas opiniones, actitudes y comentarios entre la clase política y la población; los argumentos son diversos y debemos respetarlos todos, pero nunca confundir respeto con silencio y mucho menos en un tema tan complejo. El abanico de opiniones es muy amplio y trataré en estas pocas líneas, respetando, no callar frente a los disparates que por ahí se escuchan. Como para empezar tenemos a la iglesia y su peso en este tema, como para seguir, la opinión de quien fuera nuestro último presidente, por otro lado el resto del espectro político, por otro a las organizaciones sociales que tanto trabajaron y discutieron sobre este tema para aportar insumos para su entendimiento y por otro la población en general. Con respecto a la iglesia y su palabra divina no podemos dejar que ocurra que la misma siga teniendo el peso importante que tiene en este tipo de decisiones y esto no implica ninguna postura extremista, sino el simple hecho de que (sin ánimo de ofender) este tipo de institución no comprende ningún mecanismo democrático de elección de sus representantes y voceros (estén a favor o en contra) ni tampoco ningún vínculo representativo en relación al sistema político uruguayo y por ende cada opinión particular de sus integrantes debiera tomarse como la opinión de cualquier ciudadano, sin embargo la cosa no es así. Demás está decir que quienes forman parte de esta institución y opinan sobre este tema saben que no es así y que su palabra si tiene peso, por lo cual, aunque esta opinión no se encuentre basada en información, estadísticas, estudios y demás, repercute de manera importante en la sociedad, sustentándose en la palabra de dios. Es decir hablamos de una institución poco democrática, separada del estado desde hace varias décadas y poco representativa a nivel político y que basa su opinión en aspectos puramente subjetivos, pero que sin embargo calan muy hondo en la sociedad al apelar a los conceptos menos controlables racionalmente: si a la vida, no al asesinato, etc; conceptos estos que se caracterizan por estimular más el instinto que la reflexión. Y no podemos dejar pasar de lado que este aspecto menos racional es el más fácil de estimular y el más dificil de controlar. La historia ha demostrado cuales son los nefastos resultados sociales de llevar al extremo estos aspectos más emocionales que racionales y de hecho la barbaridad de creer que si se legaliza el aborto las mujeres van a abortar como quien compra caramelos es una muestra de esa poca reflexión. Con respecto a Vázquez y su opinión la situación es similar, es decir, primero por su relación más que cercana con la iglesia pero más aún porque se repite la lógica anterior, es decir, una persona que sabe que su opinión no es como la de cualquier ciudadano y sin embargo, y aunque con una estrecha relación con una organización política que reconoce a la democracia como la mejor forma de gobierno, sus declaraciones y accionar son similares a los de la iglesia desde el punto de vista de calar hondo en los aspectos emocionales de la ciudadanía, partiendo de un sustento subjetivo, individualista y poco democrático como lo es una opinión personal llevada a ese nivel. Demás esta decir que esto impulsa y respalda ,sin lugar a dudas, el peso de la iglesia en la formación de opinión pública a nivel social, con una rara tendencia a desdibujar, por lo menos en este tema, los límites que separan conceptos como: democracia, derechos, vida, asesinato, ciudadanía, etc. Por otro lado si observamos al espectro político en general, pareciera que el mismo está direccionando este tema hacia una “libertad de acción” para con sus representantes dentro de cada partido y aunque esto pueda parecer poco negativo e incluso hasta positivo, debemos tener en cuenta que sin la información correcta en la sociedad, este accionar abre brechas y permite actitudes y opiniones que pueden tener tintes extremistas, como lo es por ejemplo tildar de asesino/a a quienes apoyan la despenalización del aborto. Que el espectro político opte por no tomar dentro de las filas de cada partido una postura más o menos coherente con sus principios, su base social, su programa, etc., implica en primera instancia confusión y desinformación, ya que cada uno de sus integrantes utilizará y buscará con este tema el rédito político personal y seguramente electoral (en estos tiempos) que mejor le convenga a sus intereses, y si cada uno va a buscar su propio beneficio donde queda la defensa acérrima de una democracia para todos. Desde el punto de vista de la organizaciones sociales que trabajaron con este tema aportando insumos para la redacción de esta ley, la lógica creo yo es acertada, es decir reclaman la libertad de las mujeres de poder decidir sobre su cuerpo y sus posibilidades de criar un hijo, no apelan a definiciones moralistas y éticas que buscan la reacción emocional antes que la racional, sino que reclaman por un derecho a decidir dentro de la legalidad, buscan ordenar dentro de la ley, todos los aspectos y efectos negativos que tiene hacerse un aborto. Para que estos efectos puedan mitigarse de alguna manera, en una práctica que ya se encontraba establecida, pero estigmatizada y quien tenía plata pasaba mal, pero quien no la tenía, en ocasiones perdía la vida o la capacidad de tener hijo en el futuro. Sin embargo al momento de utilizar los insumos aportados, el sistema político dejó de lado algunos puntos reconocidos como trascendentes y elementales por las organizaciones que estudiaron y analizaron el tema. La sociedad por último debe decidir que postura tomar con este telón de fondo entre la iglesia, Tabaré Vázquez, el sistema político y las organizaciones pro-aborto y ya sabemos que estas últimas son las más relegadas al momento de difundir su opinión y análisis así como también sus trabajos y estudios, aunque estos sean tal vez los que utilizan la información más objetiva y decantada, tratando de invitar a la reflexión al momento de emitir una opinión. Entre todos estos actores la sociedad queda como perpleja y desorientada al momento de abordar este tema para tomar postura frente a un posible plebiscito. Y así como la retórica y lo carismático de los líderes políticos en tiempos electorales pesa más que los programas y proyectos, este tema no escapa de esta lógica, si se quiere perversa, en donde se busca ganar el apoyo de la gente apelando a la sensibilidad, más que a la reflexión y a la decisión pensada y analizada con la información (a favor y en contra) sobre la mesa. Por sobre todas las cosas el respeto de la diversidad de opiniones de la sociedad toda, pero nunca el silencio de la sociedad y mucho menos de los partidos frente a las distintas posturas de quienes buscan formar opinión pública con argumentos dudosos y poco democráticos. Quienes están en el parlamento y fueron elegidos para gobernar son quienes tienen la primer obligación de actuar de manera responsable al momento de votar y decidir. Pero también al momento de contrarrestar los distintos argumentos que solo se apoyan en el peso que tienen en la sociedad algunas opiniones individuales (en vez de utilizar una lógica en donde lo que pese sea la representatividad) y que no conducen a una decisión basada en la información, la discusión y reflexión, componentes más que importantes para el desarrollo real de la democracia. Los distintos actores políticos electos no pueden, con su silencio, dar cabida a este tipo de lógica, mucho menos en este tema que puede llegar a ser definido directamente por la población, en donde cada uno de estos actores y partidos sabe que sus opiniones afectan de manera importante la decisión de la ciudadanía.

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