Historia y democracias en America Latina, el caso de Honduras
Golpe de Estado en Honduras
Desde mediados de la década del 60, la mayor parte de los países de América latina sufrieron golpes de estado , convirtiéndose las FF.AA. en “partido políticos sustitutos” (Rial, J. 1988). A fines de la década del 70, principios de los 80, se produjo la “tercera ola de democratización” (Diamond 1999; Huntington 1991), alcanzando importantes avances relativos en relación a la calidad democrática (O’Donnell 2004). Samuel Huntington, politólogo estadounidense (1927 – 2008), se conoce por su análisis de la relación entre gobierno civil y militar y su investigación acerca de los golpes de estado en el tercer mundo y su tesis acerca de los conflictos sociales futuros. Huntington describe en su trabajo llamado `` Olas de democratización``, un conjunto de características generales en el pasaje, a lo largo de la historia y en diferentes partes del mundo, de un régimen democrático a un régimen no democrático así como también el proceso inverso. De esta manera llega a concluir que en el mundo moderno se han producido tres olas de democratización y dos contraolas, entendiendo por las primeras el pasaje de los sistemas políticos hacia la democracia y por las segundas, el pasaje de los sistemas políticos hacia regímenes no democráticos.
Según Huntington la primer ola democratizadora se produjo en EE.UU. en los años 1828 – 1926, trasladándose luego hacia America Latina y Europa. La primer contraola se produce entonces en los años 1922 – 1942 y comienza en Italia trasladándose al resto de Europa y luego a America Latina en donde Argentina, Brasil y Uruguay mostraban ya el desarrollo de regimenes no democráticos (en Honduras el régimen militar se mantendría en el poder hasta 1948). De esta manera la segunda ola democratizadora se produce en los años 1942 – 1962, al comienzo de la segunda guerra mundial, es así que entrados los años cuarenta, Uruguay, Brasil, Costa Rica, Perú, Argentina, Venezuela y Colombia, instauran instituciones democráticas (en Honduras en 1954 y 1957 se realizan elecciones).La segunda contraola, se produce a fines de 1950, principios de los 60, en estos años el desarrollo político y los regimenes tomaban un matriz autoritario. El cambio fue notorio en America Latina: En Perú las Fuerzas Armadas intervienen en las elecciones de 1962, en 1964 golpes militares intervienen en los gobiernos de Brasil y Bolivia, 1966 Argentina, 1972 en Ecuador y en 1973 Uruguay y Chile (Honduras 1963 se derroca el gobierno democrático y lo militares mediante juntas se mantienen en el poder hasta 1980).
Con la llegada la tercer ola democratizadora, en 1974 primero en el sur de Europa y Asia y hacia fines de los 70 en América Latina, los regímenes autoritarios fueron reemplazados por otros democráticos, 1974 Brasil, 1979 Ecuador, 1982 Bolivia y Centro America, 1983 Argentina y 1984 Uruguay (Honduras 1981 se realizan elecciones). Esta reconquista de la democracia por parte de las sociedades produjo un relativo convencimiento sobre la real institucionalización de los regímenes democráticos de nuestro continente.
Sin embargo, tal como afirman Krujit & Koonings (2002); Garzón, J. (2003) y Diamond (1999), el peso político de las FF.AA. continúa vigente en América Latina.
Ello, quedó evidenciado claramente el 28 de junio del presente año, 2009, cuando las Fuerzas Armadas hondureñas, institución al servicio de los grupos dominantes de dicho país, expulsaron al Presidente Manuel Zelaya del territorio y detuvieron a 8 de sus ministros. Ahora bien, el atropello de las fuerzas castrenses, del gobierno de facto no se reduce a ello, sino a la efectiva destrucción de los pilares del estado democrático.
El gobierno de facto de Honduras, al quebrantar el régimen democrático socavó las bases del estado democrático de derechos, pero no sólo eso, sino que a partir del 26 de setiembre del presente año se suspenden las garantías constitucionales, libertades y garantías de los derechos humanos del pueblo hondureño mediante el decreto N° PCM-M-016-2009, del poder ejecutivo ilegítimo Entre las libertades restringidas se encuentran: la libertad personal, la libertad de expresión, la libertad de asociación y reunión, el derecho a la libre circulación y el derecho a no ser detenido o arrestado sin motivos previamente establecidos en la ley.
Entendiendo esto como la privación de derechos que son necesarios para el hombre, al vivir en sociedad. Derechos que lo protegen como ciudadano frente al abuso de otros ciudadanos y del estado, algo esencial al momento de limitar el poder que pueden tener ciertos individuos sobre otros. Derechos que protegen la integridad de las personas, así como también marcan las responsabilidades de las mismas, estableciendo los parámetros que son necesarias para poder por ejemplo: opinar, reunirse, discutir y elegir, libertades estas, entre otras tantas, principales; de las cuales deben gozar todos los individuos de una sociedad.
Ahora bien, en este contexto de impunidad y flagelo a los derechos humanos de los ciudadanos y ciudadanas de honduras, el Estado Uruguayo como tal, es decir, un aparato conformado por actores reales, con sus representantes más directos, los políticos, y toda la sociedad en su conjunto, encuentra hoy en su mismo continente, un país donde un régimen por la fuerza ha tomado el poder.
Sin embargo solo algunas organizaciones sociales han tomado la iniciativa de hacer conocer su postura con respecto al golpe en honduras. No nos encontramos en una situación en donde masivamente se deja claro el repudio frente a esta situación. Es que pareceríamos demasiado indiferentes a este acontecimiento, como si no supiéramos de lo que se esta hablando, de la gravedad que esto implica y mas aun de la gravedad que implica tanto su extensión en el tiempo, como la cercanía geográfica de honduras.
Es tal vez casi imposible creer que nuestros representantes directos hoy, hicieran consenso y optaran por una postura mas determinante y de rechazo, sea esta, en conjunto o por fuerza política, con respecto a esto; dejando así lugar entonces, a nivel nacional e internacional, a que se crea que tal vez esto no sea tan importante, o que como es en honduras y no aquí o mas cerca de aquí, no es necesario marcar y remarcar una postura de rechazo frente a un mecanismo de obtención de poder con el cual estamos familiarizados y del cual conocemos la estrategia, los métodos y por sobre todo las consecuencias. Creer que esto esta pasando solo en honduras es un error en el cual no podemos caer de nuevo, la ola de dictaduras en America Latina ya conocida tuvo que tener un comienzo en alguna parte y la indiferencia frente a eso sabemos las consecuencias que tiene.
Analizando la obra de Huntington y esta información, debemos tener claro que todos los pasajes de un régimen democrático a otro no democrático y viceversa estuvieron determinados por diferentes situaciones políticas y económicas y por diferentes contextos históricos, lo que determina que no se puedan sacar conclusiones apresuradas de una obra como esta. Al mismo tiempo queda claro también que todas las olas y contraolas tuvieron un comienzo y un fin más o menos claro, enmarcadas por ciertos periodos de tiempo y a las cuales el autor explica en su obra haciendo referencia sobre los diferentes efectos en cadena de las mismas, según determinadas circunstancias específicas.
La responsabilidad recae entonces en no dar terreno fértil para estas contraolas y más aun en frenar cualquier situación que pueda parecer análoga o característica de procesos anteriores. La democracia, como institución, así como los difíciles procesos que se transitaron hacia ella, tanto en nuestro país como en America Latina, deben ser velados, respaldados y sobre todo defendidos por todos nosotros, es decir, por el pueblo y sus representantes. En primera instancia porque el sistema democrático implica y asegura la participación en los ámbitos de decisión, así como también las libertades que son necesarias para que los individuos de una sociedad puedan hacer completo uso de sus facultades al momento de decidir, aspectos que son de suma importancia en la democracia y los cuales, a su vez, son los primeros en ser atacados mediante la represión, la vulneración de los derechos y sobre todo la coacción y limitación de las libertades principales, por los regimenes no democráticos de las contraolas citadas con anterioridad. De hecho el fracaso de las negociaciones para devolver al presidente Manuel Zelaya al gobierno no sorprendería si se tiene en cuenta todo el proceso golpista.
Es necesario y de orden entonces, por lo que implica ser representante de la población que los partidos políticos utilicen sus herramientas para determinar una postura de rechazo frente a la sociedad, con respecto al régimen que se encuentra en el poder hoy en honduras y que se adopte una posición activa y no pasiva frente a esta situación. Como representantes electos mediante elecciones democráticas tienen la obligación de repudiar este régimen ilegitimo instalado en un país de America Latina, y como aspirantes en este año electoral al gobierno, voto de la ciudadanía mediante, más razones aun para defender la democracia y el respeto por ella, en toda America Latina por igual.
El pueblo hondureño resiste hoy en la calle el golpe de estado, único mecanismo por el cual se puede contrarrestar un régimen de este tipo, lo sabemos porque en algún momento nuestra sociedad lo tuvo que implementar. Estamos hablando entonces de gente en la calle, movilizaciones y un accionar más enérgico de nuestros representantes que son quienes pueden influir tal vez de manera más directa, solo por su posición, en la población. Dejando claro entonces que este mecanismo de acceso al poder ya no es tolerado por los pueblos en America Latina y que honduras no esta sola.
Desde mediados de la década del 60, la mayor parte de los países de América latina sufrieron golpes de estado , convirtiéndose las FF.AA. en “partido políticos sustitutos” (Rial, J. 1988). A fines de la década del 70, principios de los 80, se produjo la “tercera ola de democratización” (Diamond 1999; Huntington 1991), alcanzando importantes avances relativos en relación a la calidad democrática (O’Donnell 2004). Samuel Huntington, politólogo estadounidense (1927 – 2008), se conoce por su análisis de la relación entre gobierno civil y militar y su investigación acerca de los golpes de estado en el tercer mundo y su tesis acerca de los conflictos sociales futuros. Huntington describe en su trabajo llamado `` Olas de democratización``, un conjunto de características generales en el pasaje, a lo largo de la historia y en diferentes partes del mundo, de un régimen democrático a un régimen no democrático así como también el proceso inverso. De esta manera llega a concluir que en el mundo moderno se han producido tres olas de democratización y dos contraolas, entendiendo por las primeras el pasaje de los sistemas políticos hacia la democracia y por las segundas, el pasaje de los sistemas políticos hacia regímenes no democráticos.
Según Huntington la primer ola democratizadora se produjo en EE.UU. en los años 1828 – 1926, trasladándose luego hacia America Latina y Europa. La primer contraola se produce entonces en los años 1922 – 1942 y comienza en Italia trasladándose al resto de Europa y luego a America Latina en donde Argentina, Brasil y Uruguay mostraban ya el desarrollo de regimenes no democráticos (en Honduras el régimen militar se mantendría en el poder hasta 1948). De esta manera la segunda ola democratizadora se produce en los años 1942 – 1962, al comienzo de la segunda guerra mundial, es así que entrados los años cuarenta, Uruguay, Brasil, Costa Rica, Perú, Argentina, Venezuela y Colombia, instauran instituciones democráticas (en Honduras en 1954 y 1957 se realizan elecciones).La segunda contraola, se produce a fines de 1950, principios de los 60, en estos años el desarrollo político y los regimenes tomaban un matriz autoritario. El cambio fue notorio en America Latina: En Perú las Fuerzas Armadas intervienen en las elecciones de 1962, en 1964 golpes militares intervienen en los gobiernos de Brasil y Bolivia, 1966 Argentina, 1972 en Ecuador y en 1973 Uruguay y Chile (Honduras 1963 se derroca el gobierno democrático y lo militares mediante juntas se mantienen en el poder hasta 1980).
Con la llegada la tercer ola democratizadora, en 1974 primero en el sur de Europa y Asia y hacia fines de los 70 en América Latina, los regímenes autoritarios fueron reemplazados por otros democráticos, 1974 Brasil, 1979 Ecuador, 1982 Bolivia y Centro America, 1983 Argentina y 1984 Uruguay (Honduras 1981 se realizan elecciones). Esta reconquista de la democracia por parte de las sociedades produjo un relativo convencimiento sobre la real institucionalización de los regímenes democráticos de nuestro continente.
Sin embargo, tal como afirman Krujit & Koonings (2002); Garzón, J. (2003) y Diamond (1999), el peso político de las FF.AA. continúa vigente en América Latina.
Ello, quedó evidenciado claramente el 28 de junio del presente año, 2009, cuando las Fuerzas Armadas hondureñas, institución al servicio de los grupos dominantes de dicho país, expulsaron al Presidente Manuel Zelaya del territorio y detuvieron a 8 de sus ministros. Ahora bien, el atropello de las fuerzas castrenses, del gobierno de facto no se reduce a ello, sino a la efectiva destrucción de los pilares del estado democrático.
El gobierno de facto de Honduras, al quebrantar el régimen democrático socavó las bases del estado democrático de derechos, pero no sólo eso, sino que a partir del 26 de setiembre del presente año se suspenden las garantías constitucionales, libertades y garantías de los derechos humanos del pueblo hondureño mediante el decreto N° PCM-M-016-2009, del poder ejecutivo ilegítimo Entre las libertades restringidas se encuentran: la libertad personal, la libertad de expresión, la libertad de asociación y reunión, el derecho a la libre circulación y el derecho a no ser detenido o arrestado sin motivos previamente establecidos en la ley.
Entendiendo esto como la privación de derechos que son necesarios para el hombre, al vivir en sociedad. Derechos que lo protegen como ciudadano frente al abuso de otros ciudadanos y del estado, algo esencial al momento de limitar el poder que pueden tener ciertos individuos sobre otros. Derechos que protegen la integridad de las personas, así como también marcan las responsabilidades de las mismas, estableciendo los parámetros que son necesarias para poder por ejemplo: opinar, reunirse, discutir y elegir, libertades estas, entre otras tantas, principales; de las cuales deben gozar todos los individuos de una sociedad.
Ahora bien, en este contexto de impunidad y flagelo a los derechos humanos de los ciudadanos y ciudadanas de honduras, el Estado Uruguayo como tal, es decir, un aparato conformado por actores reales, con sus representantes más directos, los políticos, y toda la sociedad en su conjunto, encuentra hoy en su mismo continente, un país donde un régimen por la fuerza ha tomado el poder.
Sin embargo solo algunas organizaciones sociales han tomado la iniciativa de hacer conocer su postura con respecto al golpe en honduras. No nos encontramos en una situación en donde masivamente se deja claro el repudio frente a esta situación. Es que pareceríamos demasiado indiferentes a este acontecimiento, como si no supiéramos de lo que se esta hablando, de la gravedad que esto implica y mas aun de la gravedad que implica tanto su extensión en el tiempo, como la cercanía geográfica de honduras.
Es tal vez casi imposible creer que nuestros representantes directos hoy, hicieran consenso y optaran por una postura mas determinante y de rechazo, sea esta, en conjunto o por fuerza política, con respecto a esto; dejando así lugar entonces, a nivel nacional e internacional, a que se crea que tal vez esto no sea tan importante, o que como es en honduras y no aquí o mas cerca de aquí, no es necesario marcar y remarcar una postura de rechazo frente a un mecanismo de obtención de poder con el cual estamos familiarizados y del cual conocemos la estrategia, los métodos y por sobre todo las consecuencias. Creer que esto esta pasando solo en honduras es un error en el cual no podemos caer de nuevo, la ola de dictaduras en America Latina ya conocida tuvo que tener un comienzo en alguna parte y la indiferencia frente a eso sabemos las consecuencias que tiene.
Analizando la obra de Huntington y esta información, debemos tener claro que todos los pasajes de un régimen democrático a otro no democrático y viceversa estuvieron determinados por diferentes situaciones políticas y económicas y por diferentes contextos históricos, lo que determina que no se puedan sacar conclusiones apresuradas de una obra como esta. Al mismo tiempo queda claro también que todas las olas y contraolas tuvieron un comienzo y un fin más o menos claro, enmarcadas por ciertos periodos de tiempo y a las cuales el autor explica en su obra haciendo referencia sobre los diferentes efectos en cadena de las mismas, según determinadas circunstancias específicas.
La responsabilidad recae entonces en no dar terreno fértil para estas contraolas y más aun en frenar cualquier situación que pueda parecer análoga o característica de procesos anteriores. La democracia, como institución, así como los difíciles procesos que se transitaron hacia ella, tanto en nuestro país como en America Latina, deben ser velados, respaldados y sobre todo defendidos por todos nosotros, es decir, por el pueblo y sus representantes. En primera instancia porque el sistema democrático implica y asegura la participación en los ámbitos de decisión, así como también las libertades que son necesarias para que los individuos de una sociedad puedan hacer completo uso de sus facultades al momento de decidir, aspectos que son de suma importancia en la democracia y los cuales, a su vez, son los primeros en ser atacados mediante la represión, la vulneración de los derechos y sobre todo la coacción y limitación de las libertades principales, por los regimenes no democráticos de las contraolas citadas con anterioridad. De hecho el fracaso de las negociaciones para devolver al presidente Manuel Zelaya al gobierno no sorprendería si se tiene en cuenta todo el proceso golpista.
Es necesario y de orden entonces, por lo que implica ser representante de la población que los partidos políticos utilicen sus herramientas para determinar una postura de rechazo frente a la sociedad, con respecto al régimen que se encuentra en el poder hoy en honduras y que se adopte una posición activa y no pasiva frente a esta situación. Como representantes electos mediante elecciones democráticas tienen la obligación de repudiar este régimen ilegitimo instalado en un país de America Latina, y como aspirantes en este año electoral al gobierno, voto de la ciudadanía mediante, más razones aun para defender la democracia y el respeto por ella, en toda America Latina por igual.
El pueblo hondureño resiste hoy en la calle el golpe de estado, único mecanismo por el cual se puede contrarrestar un régimen de este tipo, lo sabemos porque en algún momento nuestra sociedad lo tuvo que implementar. Estamos hablando entonces de gente en la calle, movilizaciones y un accionar más enérgico de nuestros representantes que son quienes pueden influir tal vez de manera más directa, solo por su posición, en la población. Dejando claro entonces que este mecanismo de acceso al poder ya no es tolerado por los pueblos en America Latina y que honduras no esta sola.
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